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La escolta es su carta de presentación
La formación de una escolta incluye una destreza obligatoria: mimetizarse con el cliente.
El aspecto tiene que ser el adecuado, y eso significa que el mismo traje no sirve para todas las situaciones. Hay que encajar en el entorno y en la forma de vida de quien se protege.
Hay ocasiones en las que una parte del dispositivo no se oculta en absoluto y muestra a todo el mundo su disposición a responder a una agresión. Y hay otra parte que parece gente del lugar, vestida como se viste en la zona por la que se mueve el cliente.
El aspecto de un escolta que trabaja solo debe cumplir las mismas exigencias que el de todo un equipo.
Cuando se protege a una figura pública, y especialmente a una mujer, el contraste entre una mujer menuda y un hombre corpulento funciona bien frente a las amenazas habituales.
Trabajo de orfebrería: un guardaespaldas con el mismo tipo y la misma complexión que el cliente.
¡Imágenes!

¿Y usted, qué cara tiene?